Desarrollo Sostenible y PCI

El concepto de “desarrollo sostenible” ocupa una posición central en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, cuyo preámbulo reconoce “la importancia que reviste el patrimonio cultural inmaterial, crisol de la diversidad cultural y garante del desarrollo sostenible”. El artículo 2.1 de la Convención, consagrado a la definición de “patrimonio cultural inmaterial”, estipula que “se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea conforme a los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible”.

La Unesco explica de qué modo el patrimonio cultural inmaterial puede contribuir de modo eficaz a cada una de las dimensiones (económica, social y ambiental) del desarrollo sostenible que se señalan en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

En primer lugar, contribuye con la cohesión social o al bienestar intelectual o espiritual, a la educación, a la seguridad alimentaria, a la generación de ingresos e incluso a la salud y aportar a los sistemas de protección social inclusiva y la igualdad de géneros.

En cuanto a la sostenibilidad ambiental, el patrimonio cultural inmaterial favorece la protección de la biodiversidad, la utilidad de los conocimientos y las prácticas locales en las investigaciones sobre sostenibilidad ambiental, y el papel que desempeñan los conocimientos y las estrategias de adaptación como base de la resiliencia de las comunidades ante las catástrofes naturales y el cambio climático.

En relación con el desarrollo económico inclusivo, el patrimonio cultural inmaterial es un elemento que suele ser fundamental para la subsistencia de los grupos y las comunidades. Puede generar ingresos y trabajo decente para un gran número de personas, en particular para los pobres y los más vulnerables. En este contexto, y en cuanto patrimonio vivo, el PCI es una importante fuente de innovación para el desarrollo, y en el modo en que las comunidades pueden beneficiarse de las actividades turísticas relacionadas con el patrimonio cultural inmaterial.

La salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial es, por lo tanto, esencial si las comunidades de todo el mundo deciden adoptar las medidas transformativas “que se necesitan urgentemente para reconducir al mundo por el camino de la sostenibilidad y la resiliencia”. La salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial permite mejorar el bienestar social y cultural de las comunidades y suscita respuestas novedosas y culturalmente adaptadas a los distintos desafíos que plantea el desarrollo.

Así, el eje vertebral del concepto de desarrollo sostenible se basa en la alianza que forman la economía, la justicia social y la protección del medio ambiente (dimensiones económica, social y medioambiental). Sin embargo, el desarrollo sostenible se ha basado desde sus orígenes principalmente en su posición medioambiental y económica, en desmedro de su dimensión social.

Esta dimensión considera estabilizar la población mejorando la calidad de vida; disminuir la migración hacia las ciudades fomentando el desarrollo rural sustentable; adoptar medidas políticas y tecnológicas que minimicen las consecuencias de la urbanización; mejorar los niveles sociales de alfabetización; cambiar los patrones de consumo y los estilos de vida. Este estaría siendo el principal problema medioambiental de la humanidad: la desigualdad.

Los principios básicos del desarrollo sostenible apelan a la distribución justa de aquellos recursos naturales que son finitos, con el propósito de reducir el impacto que esta escasez supone tanto en las estructuras y organizaciones sociales como en los individuos. En suma, las asimetrías sociales espaciales y temporales, o las desigualdades en la utilización del medio ambiente físico, los recursos naturales, o la localización de los residuos (O’Connor et al.,1998), hacen que “la dimensión social sea crítica, dado que la sociedad injusta es poco probable que sea sostenible en términos ambientales o económicos a largo plazo” (Haughton, 1999: 64).